El crudo, como principal materia prima de las naftas, es el componente de mayor peso en el precio final. Los combustibles líquidos también se ajustan en base a la cotización del dólar, los biocombustibles y la inflación local. Según informó El Cronista, las compañías preponderantes en el mercado downstream mantendrán sus precios hasta donde les sea posible hacerlo para, en principio, cumplir su compromiso de no tener actualizaciones semanalmente y, luego, no ser un factor de mayor inflación y evitar la bronca y la preocupación del gobierno.
La Resolución 415-E/2017 que publicó el Ministerio de Energía en el Boletín Oficial el miércoles pasado colaboró para descomprimir la presión. El ministro Juan José Aranguren dispuso una reducción en los precios del bioetanol (de 29 por ciento en el de caña de azúcar y de 22 por ciento en el de maíz), biocombustibles con los que se cortan las naftas. Aun así, resta saber qué va a suceder con el biodiesel, que impactará de lleno en el gasoil (por eso no hubo variación para el público el último viernes).
Fuentes de las petroleras valoraron como muy positiva la medida, que fue firmada en sus dos anexos por Diego Hernán Rapela, un asesor de Aranguren. "La decisión de incorporar biocombustibles sólo encarece el producto final. Es un costo que la empresa traslada en forma directa al consumidor", analizaron, al tiempo que prometieron que todo abaratamiento de sus costos favorecerá al público.
Un barril por encima de 60 dólares es algo que no estaba ni siquiera entre los planes más optimistas de las empresas. Cuatro meses atrás, el Brent cotizaba en torno a los 50 dólares, un precio sobre el que YPF trazó recientemente su Plan Estratégico 2018-2022. De configurarse la estabilidad de este escenario, el aumento del petróleo servirá para impulsar la producción (en senda caída en Argentina), pero complicará las finanzas de las comercializadoras mientras no puedan trasladar sus mayores costos a los precios al público.
Por ahora, el tipo de cambio se mantiene quieto y las petroleras darán oxígeno antes de un nuevo incremento que, en las condiciones actuales, ya es inevitable que suceda. Pero con la liberación de los precios dispuesta en septiembre, al Gobierno le será más difícil hacer oír su voz.
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